jueves, 20 de julio de 2017

ESTE NIÑO ES UN INFIERNO


Alucinen con la historia que les voy a contar y que ha pasado este mismo años en España. Una madre estaba con su hijo en la cocina y le pidió innumerables veces que dejase el móvil y terminase el desayuno. El niño decidió seguir ignorando a su madre. Hasta que la madre, harta (lo normal) le pegó un grito bien dado. El niño entonces, cogió el teléfono y lo estampó contra el suelo rompiéndolo en varios pedazos. Y entonces la madre le dio una bofetada.

Probabemente, esta historia nada extraordinario. Pero lo demencial de todo es que el niño al salir de casa se fue a una comisaría y denunció a su propia madre por maltrato en el ámbito familiar. Las cosas se pusieron tan chungas que incluso ha llegado a juicio y hoy por fin un juez se ha pronunciado liberando a la madre de cualquier culpa y afirmando que es una "sanción momentánea" y en ningún caso un maltrato. Si esto les llega a pasar a ustedes ¿qué harían con su hijo cuando vuelva a casa con el juicio perdido? ¿Hablarian y razonarían con él a pesar de haberles llevado delante de un juez? ¿Le castigarían hasta el 2025? Me interesa mucho lo que tengan que contarme. Gracias por dejarme un comentario...

3 comentarios:

Emmanuël dijo...

Volver a casa? Ni hablar. Si es suficientemente mayor e independiente para denunciarme, que se busque la vida. A casa no vuelve. Le diré: "tu y tu abogado, iDos"

Iuls dijo...

La educación empieza bien antes de que el niño llegue a esa edad. Si se le acostumbra a que obedezca cuando se le pide algo a la primera, la escenita y la denuncia se habrían evitado. Ahora, a mí me hace eso y a casa no vuelve. Si es mayor para ciertas cosas, que lo sea para todo.

Anónimo dijo...

Estoy con Luis, la educación empieza desde pequeñitos, no se puede empezar a corregir en la adolescencia,soy madre de tres adolescentes entre 12 y 16 años,y tengo clarisimo, y lo mas importante, ellos también, que esos comportamientos en casa no valen.

Si me viera en esa situación? Pues decir que soy una loca de la vida, y en cualquier momento le puedo calzar otra colleja, vamos, que por su bien lo lleven a un centro tutelado, a ver que tal funciona allí.