domingo, 23 de octubre de 2016

CRÍTICA DE CINE: LA CHICA DEL TREN


¿Ha leído usted el best seller que reventó el mundo editorial el pasado verano? ¿Si? Pues entonces ni se plantee ir a ver LA CHICA DEL TREN: LA PELÍCULA y una de las peores adaptaciones literarias en décadas. Pero ahí no acaba lo malo. Pasen y lean.

De nuevo, si ustedes han leído el líbro sabrán que el material se acerca muchísimo más a TWIN PEAKS que a PERDIDA, una novela con la que se la ha comparado innecesariamente, porque ni beben de las mismas fuentes, ni tienen las mismas estructuras ni cuentan nada parecido. La novela podría considerarse un manual de psicología sobre diversos trastornos de la personalidad femenina. Su autora no se corta, una es más puta que las gallinas, otra es una borracha y la otra es una histérica posesiva. Nada bueno se cuenta del mundo mujer en la novela. Y los hombres tampoco salen bien parados, pero en la película... es que casi ni salen. Por lo tanto, entender todo lo que pasa al final en ese tercer acto con ESE GIRO (¡oh! ¿en serio?) es casi una cuestión de fe.

La película es tediosa por culpa de un guión que ha olvidado contar las historias de la novela. Aquí los personajes son planos, no hay motivación. La buena es buena porque sí y punto. El director parece haber cogido la mitad de los capítulos y ha desdibujado la historia hasta llegar a un final que (si no se tienen todos los datos) resulta hasta ridículo. Y todo ello con una dirección más propia de telefilm de domingo tarde que de otra cosa. Con decirles que hasta Emily Blunt está sobreactuada se lo digo todo.

Si no tienen nada mejor que hacer, si han visto los catálogos enteros de Netflix y Movistar Plus y su única alternativa de entretenimiento es ver el programa de María Teresa Campos, entonces vayan a verla, Si no, les vuelvo a recomendar encarecidamente que vean ELLE de Paul Verhoeven, que eso sí es un peliculón.