jueves, 28 de enero de 2016

COMO SER UN "NAZI DE LA FELICIDAD"

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En la sección CRONICAS DE UN SOLTERO, les hable de lo de ser un “Nazi de la felicidad”. Aunque la palabra “nazi” es absolutamente fea, muchos de ustedes creo que han entendido exactamente lo que quiere decir esa expresión. Para los que no… aquí va una pequeña explicación.

Soy un nazi de la felicidad porque me niego en rotundo a ocupar mi tiempo en desgracias innecesarias. Todos somos conscientes de que la vida trae un montón de problemas: salud, pasta, emociones, familia… lo que sea, pero la vida viene ya con una carga de problemas. Entonces… ¿para qué buscar más? Y esa es la clave, por un lado la aceptación de que no todo puede ser maravilloso constantemente y por otro lado la negación de problemas añadidos.

Conozco a gente que vive instalada en el drama. Personas que necesitan un drama que les proporcione una tensión para sentirse vivos. Y eso me parece un desastre, que quieren que les diga. Vivir un drama constante siempre trae malísimos resultados a corto y largo plazo. Hay personas que parece que son incapaces de asumir el hecho de que pueden ser felices. Tienen una actitud de ¿Y ahora de qué me quejo? Y es que en realidad las cosas pueden ser mucho más fáciles. Complicarse es casi siempre decisión de uno mismo.

Hace muchos años leí un libro de un filósofo hindú llamado Osho que me cambió radicalmente la forma de ver, de vivir y de enfocar los problemas. Osho decía que la mente es una fábrica constante de problemas y que tenemos que ver a nuestra cabeza como un instrumento que tiene que actuar sólo en determinadas ocasiones. El resto sería forzar la máquina de manera innecesaria. Yo duermo de maravilla desde hace muchos años porque nunca me llevo los problemas a la cama ¿Para qué? Si es que al día siguiente cuando me levante, los problemas van a estar ahí. Por lo tanto, lo mejor que puedo hacer es descansar bien para levantarme al día siguiente despejado y encarar lo que me venga con una mente despierta.

Supongo que muchas veces se trata tan sólo de ser honesto con uno mismo. Si miramos dentro y somos sinceros, conocemos perfectamente la solución al problema. En ese momento, lo único que tenemos que decidir es si tenemos las narices suficientes para encararlo y caminar hacia la solución del conflicto. Quedarnos instalados en ese punto medio donde no vamos ni adelante ni hacia atrás es una soberana estupidez. Ese es el punto donde no se soluciona nada de nada. Hay que ser valiente y mirar hacia adelante sabiendo que la mayoría de los problemas no son eternos y enfocarnos, sobre todo, en aquello que nos hace feliz. Así, con tiempo y paciencia, uno se va convirtiendo poco a poco en un nazi de la felicidad y aprende a rodearse (siempre que sea posible) solo de cosas positivas y, sobre todo, que aporten.

A partir de ahí, lo de sufrir ya es una decisión personal…