
Si les cuento el disgusto que tengo no iban a dar crédito. Y es que resulta que se ha muerto el WALKMAN. Bueno, más bien lo han asesinado los de Sony, que fueron sus creadores. Y, que quieren que les diga, me he quedado muy plof porque tengo miles de recuerdos de mi infancia conectados con este aparato. Cuando una canción me gustaba, me la grababa en un casete una y otra vez para así no tener que rebobinar y ahorrar pasta en pilas. Y es que el casete es un objeto fundamental en la vida de cualquier treintañero. La muerte del walkman me deja un vacío enorme sobre todo cuando recuerdo un día que llegó a casa de mis padres una tía que tengo con un walkman… ¡que se podía escuchar en el agua! No se imaginan ustedes la ilusión que me hizo darme unos baños de espuma con el casete dentro de la bañera. Mi madre sigue convencida de que en alguno de aquellos baños me di un calambrazo y por eso se me ha quedado la cabeza así.
En fin, que descanse en paz el walkman, que la noticia me ha puesto maluno y me han entrado unas ganas terribles de estampar el iPod contra la pared.
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