
Soy adicto a Susan Boyle, o las patologías de Susan Boyle, una mujer a la que el éxito le ha sentado igual que a Britney Spears, o sea, como el culo. Y es que resulta que la semana que viene estaba en la sala vip del aeropuerto de Heathrow y vio una fregona, y de repente se puso como las locas y le dio por improvisar un unplugged allí, ante las atónitas miradas del personal. Y cuando una azafata de British Airways le intentó arrancar la fregona de las manos, entonces Susan se puso a correr por la sala como las locas gritando "Soy libreeeee...me he escapadoooooo". Como lo oyen. Y esto es maravilloso, porque el Reino Unido es una fábrica constante de ídolos pop disfuncionales. Después de Amy Winehouse de Pajares, Susan se perfila como una perfecta heredera al trono. Y lo que más me gusta de ella es que cuando se mosquea, se le desdobla la personalidad y se le pone una boca sucia que lo más sencillo que dice a a quién se cruza en su camino es "peazoguarramarranajalagranputaqueteviaaarrancarlosojos". Y no me digan que ustedes no se mueren de envidia porque les encantaría que Susan fuese su abuela...
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